DIEGOA. MANRIQUE A primera vista, Los Ángeles presenta una escena musical polarizada: en los extremos, el tatuado rock de peluquería que sigue la estela de Guns 'N' Roses y el torvo gangsta rap que definieron N.W.A. Sin embargo, conviene escarbar: la ciudad que algunos concibieron como reserva de la raza aria aloja mundos menos estruendosos, donde las barreras raciales no son tan insalvables. Del semiclandestino circuito del folk del sur de California han partido The Byrds, Taj Mahal, Ry Cooder, Canned Heat, Warren Zevon, David Lindley, Tim Buckley, Jackson Browne, Bill Withers, Tom Waits..., hasta Beck o Ben Harper, el de la voz doliente y la guitarra punzante. Harper, nacido en la población californiana de Pomona (28 de octubre de 1969) y crecido en Claremont, a una hora de coche al este de Los Ángeles, seguro comparte con ellos las enseñanzas de Bob Dylan, Robert Johnson o Blind Willie McTell. Pero, por simple cuestión generacional, también ha asimilado como folc...