sábado, 23 de febrero de 2013

El salobre legado de los cantes de Cádiz


En este disco dominan los cantaores de Cádiz como La Macanita.





Por Fermín Lobatón

EL FLAMENCO de Cádiz ha gozado, de antiguo, de un sello y unos estilos propios, de un aire que ha trascendido fronteras y de una historia poblada de figuras fundamentales. Con la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812 se daba quizás una ocasión única para reivindicar su personalidad, configurada en parte por la condición de la ciudad como Puerta de América durante casi un siglo, el XVIII, cuando en su puerto residió el monopolio del comercio con el nuevo continente. El intercambio cultural, el peso de cuanta música pasó por sus muelles está aún por evaluar con la profundidad necesaria, pero baste con apuntar que es un fenómeno que no deja de deparar sorpresas. El programa cultural del bicentenario podría haber sido una gran oportunidad para repasar las formas y dimensiones de un intercambio singular, que ha dejado una rica herencia en el flamenco, y que entró mayormente por Cádiz. Pero los tiempos se tornaron difíciles y, en términos flamencos, muy poco dejará este 2012 para el recuerdo.

Una de las pocas excepciones será El legado de los cantes de Cádiz, una caja de tres CD donde se recoge una colección de estilos gaditanos interpretados por figuras de la tierra y de fuera, muestra inequívoca de la trascendencia de los cantes de Cádiz. La obra, editada por Flamenco Vivo, ha sido producida por Ricardo Pachón. Hay que aclarar que la presente caja es lo que se ha podido salvar de un proyecto muy ambicioso que llegó a contemplar 1.000 estuches con diez discos, un libro sobre los cantes de Cádiz y una guía de escucha. Nada de eso hay, pero sí que tenemos casi cuarenta cortes que se explican por sí mismos en cuanto interpretaciones fidedignas de estilos que se identifican con esa salobre esencia de Cai y los Puertos: alegrías, soleares y bulerías de Cádiz, tangos y tanguillos, una seguiriya y una simbólica representación del carnaval, con pasodoble, cuplés y tango.
El primero de los discos recoge cantes procedentes de grabaciones de pizarra —más algún vinilo—, con interpretaciones de figuras ya legendarias del flamenco de Cai como Aurelio Selles, Cana¬lejas.de Puerto Real, Pericón y La Perla, pero también de artistas no gaditanos, como La Niña de los Peines y su hermano Tomás Pavón. El valor de la selección, además de ponerlos reunidos y en bandeja cantes dispersos aquí y allá, es el sonido con que se ofrecen, algo que es sello distintivo de la casa y de un productor que dice no haber tocado nunca un botón, pero que sabe elegir muy bien sus ingenieros de sonido (Adolfo Castilla en este caso). Esta característica es extensible al contenido de los discos 2 y 3, que ofrecen grabaciones en directo registradas por Pachón con el conocido magnetófono Nagra en festivales de verano andaluces entre los años 1978 y 1980. En la selección dominan los cantaores de Cádiz y su Bahía: Santiago Donday, Chano Lobato, Chato de la Isla, Juan Villar y Rancapino, con las excepciones de Naranjito de Triana, Manuel Agujetas y La Macanita. Casi todos acompañados por Manuel Domínguez y Cepero, los reyes de los festivales de entonces. Junto a los cantes, nos encontramos con tres hallazgos que son tres alegrías, en su doble sentido de estilo y regocijo. Se trata de tres interpretaciones instrumentales de los guitarristas Niño Miguel, Rafael Riqueni y Diego de Morón que, por las historias personales de los tres, se convierten en auténticas joyas. Es Cai y su trascendencia, que diría El Beni. •
El legado de los cantes de Cádiz. Edición no venal de Flamenco Vivo Producciones. Consorcio para la Conmemoración del Bicentenario de la Constitución de 1812. Instituto Andaluz del Flamenco.

El Pais Babelia

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